Opinión: Estamos en guerra, por José Rafael Mena

“Los hechos valen más que los sueños”
Winston Churchill

Cierto que hemos sufrido, casi todos los venezolanos, de las mayores desgracias y privaciones. Renunciamos, primero, a lo que los mandamaces calificaron de gustos y caprichos. El secuestro había comenzado hace veinte años, cuando claudicamos ante las promesas de un criminal. Claudicaron los que votaron por él, los que no lo hicimos pero nos encogimos de hombros creyendo que era apenas un breve tránsito o una simple jodedera de la historia. Luego renunciamos a otras posesiones, aún encogidos de hombros, creyendo que al menos contábamos con lo suficiente para vivir. Perdimos nuestros carros, nuestros hogares se convirtieron en pocilgas, pasamos de largo las tiendas de ropa y los perfumes se convirtieron en trofeos olímpicos exhibidos en las vitrinas.

Pasaban y pasaban los años con largas colas para comprar pan. Pero “gracias a dios”, el pan está regulado y todo es barato a pesar de que lo barato ya no existe .Trabajar y emprender se convirtieron en delitos graves. Producir y prosperar, en crímenes que muchos pagaron con la muerte (¿qué diría hoy Franklin Brito de la Fiscal convertida por la anterior versión del Frente Amplio en “figura honorable”?). También hay sueldo mínimo y, aunque odiamos al dictador, celebramos los aumentos de aquellas limosnas impuestas por un grupo de delincuentes. Nos parecen loables las opiniones de ciertos “analistas” que recomiendan a la banda criminal más reformas. Votamos y votamos, con la esperanza de un “ahora sí”. Y el “ahora sí” pasa, las protestas van y vienen con sus cargamentos de asesinados. Todo un hilo que se remonta a los días de Puente Llaguno, una masacre que marcaría, supuestamente, el fin de la dictadura. Pero el asesino volvió al trono, secuestró de nuevo a población entera y luego salieron unos periodistas extranjeros con un documental-montaje express, culpando a los que marchaban, culpando a los policías y al capitalismo. Los malandros del puente, que disparaban hasta que se les vaciaban los cartuchos, de bandidos pasaron a héroes. Chavistas y opositores refrendaron la mentira y la historia nos trajo al llegadero, ayudada por nuestra inercia.

A pesar de los fracasos y traiciones, votamos por los mismos de siempre para cargos en una Asamblea Nacional que hoy hace de adorno. Los elegidos pasaron de “liderar” la calle a hacer cabildeo para moderar y eliminar sanciones en contra de los tiranos, llaman “crisis de la democracia” a un campo de concentración, exigen un canal humanitario administrado por ellos y hacen turismo por el mundo a hacer quién sabe qué. Jamás mencionan la palabra tiranía, ni se les ocurre denunciar algo llamado comunismo y, menos aún, narcotráfico. Para ellos no existe un proyecto del mal. Para ellos no hay ocupación cubana, rusa, china e iraní. Ellos exigen electores en procesos electorales fraudulentos. Y es que la guerra siempre estuvo en nuestras narices, una guerra global en la cual Venezuela figuró como teatro de operaciones de una mafia trasnacional y luego, como escenario de conflicto.

Más de un millón de venezolanos han cruzado la frontera por tierra. Otros millones más lo hicieron por aire previamente. Cuando escapé de la muerte, casi quedé atrapado en el infierno venezolano, No me dejaban huir porque “el pasaporte estaba deteriorado”. Salí por pura suerte. Sentado en una cabina de internet comencé a llorar en silencio de desesperación, y un buen hombre notó mi tragedia y me dio sus recomendaciones; incluso, intercedió por mí (sin pedirme nada a cambio). Me puso en contacto con una joven muy diligente y amable que me asesoró y acompañó hasta que mi pasaporte fue sellado por las autoridades colombianas. Salía de mi propia tierra con la maleta desvalijada. Ya me habían robado en un hotel del pueblo fronterizo de San Antonio. Así llegué a otro país recibido por un excepcional ser humano quien hoy es mi compañera. Llegué con signos de desnutrición y unos dientes menos. Pero sigo en Latinoamérica, con el comunismo pisándome los talones.

Ahora, ya un poco más lejos, mi condición de víctima entra en crisis hastiada de sí misma. Retrocedo la película y veo mi experiencia como la de un semi-ser cuya subjetividad fue casi exterminada. Era apenas un objeto de mis captores, de los cuales pude huir con desesperación. Venezuela, incluyendo el país exiliado, es una enorme masa-víctima; aún no se no ha apoderado de ella la total conciencia de que esto es una guerra a muerte que debe afrontar. Una masa atónita a la espera de que todo se resuelva en un burdel-cuartel a puerta cerrada, por la obra unos cuantos saltimbanquis y estafadores. Una masa amorfa, plagada de deshonestidad e ignorancia. Una masa que apoya, con más complicidad que ingenuidad, a un atajo de farsantes a pesar de que estos son sus enemigos. Lo hace a sabiendas de que ellos lubrican los engranajes de la maquinaria genocida. Hoy mueren niños de hambre. Hoy mueren ancianos de hambre. Hoy muere todo un país de hambre y también de pestes que la humanidad creía erradicadas. Hoy Venezuela está cundida de mazmorras llenas de hombres y mujeres que se atrevieron a desafiar al monstruo. Mazmorras donde ocurren atrocidades, torturas, privaciones de sueño, salud y alimentos.

El futuro tiene sus fuerzas menguadas, casi que está muerto. La esclavitud mental es la realidad que las mayorías decidieron. No podremos cruzar la línea que separa a la víctima del elemento activo sin liberar nuestras mentes. Ya no hay patria, no hay país, no hay república ni sociedad. Tenemos por delante la tarea de salvar nuestras vidas, no boicotear la injerencia internacional (si es que llega) y dejar de lado “el orgullo nacional”.En esta guerra debemos anteponer la vida al gentilicio. En esta guerra la condescendencia con el enemigo es mortal. En esta guerra hay que desmoralizar al enemigo y sus aliados, sin piedad ni compasión. El chavismo de “a pie” es una suma de componentes armados del enemigo. El chavismo es chavista, madurista y colaboracionista. El chavismo actúa de “lado y lado”.

Resistir, en primer lugar, es aceptar la realidad para empezar a cambiarla. Resistir a la tiranía es sacrificar la ilusión, las mentiras benévolas. Odiar la realidad es la esencia de nuestra fragilidad.

Estamos en guerra.
Y en guerra debemos tener claro dónde está el enemigo.

Texto publicado inicialmente en la web del autor (La Voz Impura) y reproducido en Economia365 con autorización expresa de su autor.

Anuncios


Categorías:Opinión, Voces del exilio

Etiquetas:, ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: